Cuando el cuerpo habla: comprender la relación entre emoción y tensión

septiembre · 2026 | Emociones y Bienestar, General

A veces, el cuerpo lo cuenta primero

Una mandíbula que no termina de aflojarse. Los hombros elevados sin darnos cuenta. Una respiración corta. Un dolor que reaparece en épocas de preocupación.  El cuerpo y las emociones no funcionan por separado: forman parte de un mismo sistema que trata de adaptarse a lo que vivimos.

Las emociones también ocurren en el cuerpo

Las emociones son respuestas complejas ante situaciones que valoramos como importantes. Incluyen cambios corporales, una experiencia interna y una disposición para actuar. El miedo puede prepararnos para protegernos; la tristeza puede pedir recogimiento o apoyo; y el enfado puede impulsarnos a expresar un malestar o establecer un límite.

Las emociones se sienten, se interpretan y nos preparan para actuar.

Un mismo hecho, respuestas diferentes

Imaginemos que dos personas pisan una rama mientras caminan por el bosque.

Para una senderista, el sonido puede significar simplemente que una rama se ha roto bajo su pie. Para una persona que estuvo expuesta a explosiones durante un conflicto armado, ese mismo chasquido puede estar asociado al peligro y provocar una respuesta corporal mucho más intensa: sobresalto, aceleración del pulso, tensión muscular o necesidad de ponerse a salvo.

El sonido es parecido, pero la historia de aprendizaje es diferente. El cerebro interpreta lo que sucede combinando la información del momento con las experiencias anteriores, especialmente cuando estuvieron relacionadas con una amenaza.

Respondemos a lo que ocurre y también al significado que hemos aprendido a darle.

Esta capacidad para aprender nos ayuda a anticiparnos y protegernos. En ocasiones, también puede hacer que el organismo responda ante un peligro que ya no está presente, pero que recuerda o reconoce a través de determinadas señales.

Cuando una emoción necesita ser escuchada

Escuchar una emoción significa reconocerla, tratar de comprender qué información aporta y decidir cómo responder. Esto no implica actuar impulsivamente ni dar por correcta cualquier interpretación.

Podemos sentir enfado y elegir el momento adecuado para hablar. Podemos sentir miedo y comprobar si existe un peligro real. Podemos sentir tristeza y reconocer que necesitamos tiempo, compañía o descanso.

La dificultad aparece cuando repetidamente desatendemos lo que sentimos, sostenemos una sobrecarga prolongada o inhibimos cualquier forma de respuesta. En esas circunstancias, el organismo puede necesitar más tiempo para recuperar su estado habitual.

En el lenguaje cotidiano podemos vivirlo como una «energía que no hemos soltado». Con mayor precisión, hablamos de activación fisiológica, tensión muscular, cambios en la respiración o un estado de alerta que se prolonga.

Pensemos en una persona que recibe continuamente peticiones que la sobrecargan. Siente enfado y desea negarse, pero siempre responde que puede hacerse cargo. Al final del día quizá perciba la mandíbula apretada, los hombros elevados, cansancio o dolor de cabeza.

Esto no permite afirmar que el enfado sea la causa única del dolor. Sí invita a explorar si la sobrecarga, la tensión mantenida, la falta de descanso y la dificultad para establecer límites están contribuyendo a su malestar.

Escuchar una emoción permite comprender qué está ocurriendo antes de elegir una respuesta.

El dolor es real y necesita una mirada amplia

El dolor es una experiencia compleja y personal. En su aparición y mantenimiento pueden participar, en diferente medida, factores físicos, psicológicos y sociales.

Ante un dolor nuevo, intenso, persistente o preocupante, el primer paso es realizar una valoración sanitaria para comprobar si existe una lesión, una patología u otra causa física que requiera tratamiento.

Una vez atendida esa valoración, también puede resultar útil observar qué está sucediendo en nuestra vida y en qué circunstancias aparece, aumenta o disminuye el dolor. La intensidad del dolor no siempre guarda una relación directa con el grado de lesión, porque el sistema nervioso participa activamente en cómo se genera y se percibe.

El dolor es real, incluso cuando una prueba médica no explica por completo su intensidad.

Explorar el contexto emocional no significa atribuir automáticamente el dolor a una emoción. Significa ampliar la mirada para comprender mejor los distintos factores que pueden estar participando.

Podemos preguntarnos:

  • ¿Cuándo aparece o aumenta esta molestia?
  • ¿Qué estaba ocurriendo en ese momento?
  • ¿Llevo tiempo soportando una situación que me sobrecarga?
  • ¿Necesito descanso, movimiento, ayuda o atención profesional?
  • ¿Hay alguna necesidad o algún límite que conviene atender?

Aliviar el síntoma es importante. Comprender qué puede estar manteniéndolo permite intervenir de una manera más completa.

Aceptar para poder actuar

Aceptar consiste en reconocer lo que está sucediendo: qué sentimos, qué pensamos, qué percibimos en el cuerpo y qué circunstancias estamos viviendo.

Podemos imaginar que consultamos un mapa para iniciar un camino. Antes de decidir hacia dónde avanzar, necesitamos saber dónde nos encontramos. Indicar nuestra ubicación no significa que ese lugar nos guste ni que queramos permanecer allí. Nos permite elegir una dirección.

La aceptación cumple una función parecida: nos ayuda a reconocer el punto de partida. La resignación, en cambio, aparece cuando dejamos de buscar alternativas o damos por hecho que nada puede cambiar.

Aceptar es reconocer el punto de partida. Resignarse es dejar de buscar caminos.

Una pauta sencilla para escucharnos

Cuando percibamos tensión o malestar, podemos hacer una breve pausa:

  1. Localizar. Observar dónde sentimos la tensión y cómo se manifiesta: presión, rigidez, calor, temblor o respiración acelerada.
  2. Nombrar. Buscar una palabra que nos oriente: miedo, enfado, tristeza, preocupación o sobrecarga.
  3. Relacionar. Preguntarnos qué estaba sucediendo y qué significado le estamos dando.
  4. Regular. Reducir la activación mediante una respiración cómoda, movimiento suave, descanso o alguna técnica aprendida y adecuada para nosotros.
  5. Responder. Elegir una acción proporcionada: pedir ayuda, expresar una necesidad, establecer un límite o consultar a un profesional.

Comprender lo que sentimos amplía nuestra capacidad para decidir qué hacer con ello.

FisioEmocional: fisioterapia y psicología como complementos

FisioEmocional nace de la unión de la fisioterapia y la psicología para abordar de una manera más amplia el dolor, la tensión corporal y las respuestas emocionales relacionadas con nuestra experiencia.

La fisioterapia permite valorar y tratar los componentes físicos del dolor, recuperar movilidad y trabajar la tensión corporal. La psicología y la psicoeducación ayudan a identificar emociones, comprender interpretaciones, reconocer necesidades y desarrollar formas de regulación más ajustadas.

Ambas disciplinas se complementan ante un mensaje que puede ser complejo. El organismo rara vez responde desde un único factor: influyen el estado físico, la historia de aprendizaje, el contexto, el descanso, las preocupaciones, las relaciones y las formas que hemos desarrollado para afrontar lo que vivimos.

FisioEmocional propone un recorrido práctico:

Sentir Nombrar Comprender Relacionar Regular Integrar

El objetivo no es buscar una explicación emocional para cada dolor. Es escuchar con mayor precisión, atender los factores físicos y emocionales que puedan estar participando y ampliar los recursos de cada persona para responder.

Conoce FisioEmocional

El próximo 15 de septiembre, a las 19:00 horas, realizaremos una demostración online gratuita de FisioEmocional.

Explicaremos nuestro enfoque y realizaremos una breve experiencia práctica para conocer cómo pueden complementarse la fisioterapia, la relajación, la psicoeducación y la regulación emocional.

Para participar, completa el formulario de inscripción de My Esencia Vital. Una vez realizada la inscripción, recibirás la información necesaria para conectarte.

«Las emociones activan el cuerpo y se manifiestan a través de sensaciones corporales que necesitamos aprender a reconocer e interpretar.»